El desarrollo Cognitivo en los primeros ciclos. Apuntes del libro “Los Ciclos en Educación”
Tomado y adaptado de “Los Ciclos en Educación: Principios y lineamientos sobre desde la Pedagogía Dialogante”/Julián de Zubiría Samper...(et al.). 1a ed. Bogotá: Editorial Magisterio, 2009. Retomamos esta referencia por recomendación de la profesora Gladys Vargas en su charla del día de ayer. Nótese que algunas afirmaciones sobre el desarrollo infantil han sido superadas y el texto en general tiene un tono psicologizante pero resulta muy útil considerar algunas de las sugerencias que hace.
ALGUNAS TAREAS DIARIAS A REALIZAR CON LOS NIÑOS Y NIÑAS DE ESTA PRIMERA ETAPA (CICLOS INICIAL Y UNO):
- Generar situaciones para que el niño sienta la necesidad de reunir figuras concretas, bloques lógicos, en un solo grupo, y encuentre - a traveés de procesos de observación (cada objeto en sí mismo), comparación (observación de un objeto en relación a otros)- semejanza o características comunes, para llegar a procesos de generalización.
- Generar situaciones para que los niños tengan que dividir un grupo en dos o más, de acuerdo a diversos criterios de caracterización de objetos. Es decir, llevarlos a que comprendan, a través de la práctica y manipulación de objetos, que a mayor cantidad de características los grupos tendrán menos objetos y se formarán más grupos, y que a menor cantidad de características, los grupos se harán más extensos en elementos y habrá menos grupos.
- Dialogar y hacer preguntas a los niños para que lleguen a nominar los grupos. A los que tienen más de una característica les pondrán nombres compuestos; por ejemplo, “grupo de triángulos grandes, rojos, delgados”. A la vez, los llevarán a sintetizar en un solo nombre una característica general.
- Hacer conciencia de que a través de la manipulación de objetos, como al aumentar características, se hace limitación, y al disminuir características para agrupar se llega a la generalización.
- Realizar juegos en los que los niños pasen de la generalización a la limitación y de la limitación a la generalización, para así llevarlos a la operación lógica en la práctica y sacarlos de los esquemas o manejo de una sola de las secuencias, bien sea generalización suelta o limitación aislada. Para que los niños aprendan a operar se requiere que hagan la doble vía geralización-limitación, limitación-generalización.
- Los instrumentos para que el niño aprenda a operar en la práctica deben ser diversos para aumentar su flexibilidad; de allí que no sólo debe trabajar con bloques lógicos, sino que deberá hacer lo propio con grupos de animales, con características físicas de las personas, con las viviendas, con todo lo observable en la realidad natural y social.
DESCRIPCIÓN
En este ciclo, el pensamiento del niño está centrado en lo particular. Procede de lo particular a lo particular; hace transducciones, explica un fenómeno natural, a través de esquemas o secuencias de acciones físicas que el niño realiza sobre objetos y que luego interioriza como representaciones del mundo organizadas en su mente. Por ejemplo, cuando un niño golpea al otro y se le pide la razón por la cual lo hizo dice: “porque él me pegó primero”. Difícilmente dice que porque no se toleran, o que se tienen rabia, sino que acude al {último evento específico ocurrido entre los dos y no a una causa.
El proceso requiere la presencia del adulto para que le formule problemas al niño, le plantee desequilibrios en su forma de proceder y lo lleve a operar, de manera que pueda establecer secuencias organizadas a través de procesos de observación, comparación, diferenciación y clasificación en el momento de agrupar objetos o de establecer algún tipo de relación entre ellos.
Esta primera forma de actuar sobre la realidad para organizarla internamente , constituye un pensamiento a-lógico, sin lógica. Es aquí donde la escuela, en su primer ciclo de formación encuentra su primera tarea: descentrar al niño, llevarlo de lo particular a lo general y de lo general a lo particular; de este modo, ayudarle a organizar y comprender los fenómenos del mundo en una doble ruta: extensión y limitación. A esta doble ruta Piaget la denomina operación intelectual; esta forma de proceder recibe le nombre de pensamiento lógico que, en el caso del niño, se expresa a través de la acción sobre los objetos, no aún con proposiciones.
La educación, en su primera etapa escolar, se realiza aproximadamente entre los 4 y los 7 años, y en ella se propone llevar al niño de un pensamiento a-lógico, intuitivo a uno lógico concreto. La labor de la educación consiste en llevar al niño de la actividad y la acción aisladas a la práctica o conjunto de acciones sistematizadas que buscan una finalidad, y después a reflexionar sobre estas prácticas, como diría el profesor Carlos Vasco (Vasco et al, 1990), de la acción a la práctica y de la práctica a la reflexión de la misma: acción aislada - práctica sistematizada y reflexión sobre la práctica o praxis.
Cuando las actividades que los docentes del primer ciclo de operaciones concretas llevan a sus clases se realizan de forma esporádica, aislada, en forma de actividad suelta, refuerzan las acciones de los niños y se pierde el propósito de re-organizarlas como verdaderas prácticas de procesos de observación, comparación, diferenciación, generalización, clasificación e inclusión o exclusión de un objeto en un grupo, y la educación se convierte en la actividad por la actividad y no en prácticas concretas del pensamiento lógico.
Los Nebo-piagetianos dejan de lado la adquisición exclusiva de operaciones lógicas y analizan el desarrollo cognitivo a partir de estrategias ejecutivas para procesar información y solucionar problemas.
Investigadores como Rochel Germán (citado por Flavell, 1985) encuentran que gran parte de lo que se consideraba que el niño de educación inicial no podía hacer según Piaget, no dependía realmente de sus potenciales reales, sino de metodologías de investigación inapropiadas que se aplicaron para el estudio de niños pequeños. Gracias a nuevos métodos de investigación se encuentran cantidad de competencias que maneja el preescolar, algunas de las cuales se supone se desarrollarían en etapas de pensamiento lógico; como por ejemplo: establecer relaciones causales de un hecho y diferenciar causas y efectos de movimientos físicos, como al escuchar historias narradas. En casos como éste, los niños establecen muy bien las secuencias y son capaces de mantener el orden de éstas cuando se les cambia una historia.
Según Piaget, las relaciones espaciales que el niño establece las realiza tomando como referente su propio cuerpo. Por el contrario, estudios actuales encuentran que a esta edad los niños están en capacidad de ubicar un objeto en su relación con otros y no sólo en relación consigo mismos; es decir, están más descentrados de lo que se creía en la escuela piagetiana.
Además de lo anterior, los estudios actuales permiten concluir que el niño de esta edad está en capacidad de hacer clasificaciones, por ejemplo, de animales, de autos, aunque no maneje con precisión las palabras que los definen. Así mismo, se ha encontrado que la conservación de la cantidad se realiza ya desde los tres años, versus la extensión de los conjuntos de objetos presentados. (En relación al juego simbólico que practican los niños entre uno y tres años, parece que el poder diferenciar entre lo que realmente ocurre y lo que se finge es más producto de lo genético que de lo aprendido; el niño lo saca por impulso propio y no depende de un aprendizaje. Sospecha Flavell que se trate de una competencia instalada y no aprendida.)
En la primera infancia (0-3 años), el juego permite a los niños establecer las bases de un pensamiento simbólico, el cual cubre la irrupción de varias competencias como la descontextualización, las sustituciones de objetos, las sustituciones del yo por los otros y la socialización de los símbolos.
Entre el segundo y el sexto año, el niño se apropia de cerca de cinco mil términos, los cuales aprenden a relacionar no sólo para comunicar infromación, sino que aprende el lenguaje para controlar los comportamientos de los otros.
En la segunda infancia (3-7 años), se desarrolla la habilidad de la abtracción del número, independiente de que los objetos estén juntos o separados: en un grupo de objetos juntos y en otro de objetos separados siempre habrá la misma cantidad. (Flavell considera las anteriores habilidades de los niños como moldes o plantillas que nos ayudan a asimilar la realidad y acomodarnos a ésta.)
Los menores de cinco años van ejercitando estrategias ejecutivas y, en la medida en que las dominan, encuentran otras nuevas. De esta manera, el desarrollo se produce a través de procesos de integración de estrategias ejecutivas de un nivel a otras estrategias progresivamente superiores.
En la medida en que el niño encuentra nuevas estrategias, el proceso de jerarquización de éstas depende de su capacidad de almacenamiento de información, el cual a su vez está influido por procesos de maduración orgánica o mielinización.

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